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Pensando En Alto con Samuel Perez Millos

Pensando en Alto

Para mi el vivir es Cristo Samuel Perez Millos

Lo que es Hecho en Jesucristo

Lo que es Hecho en Jesucristo

 “Mas por Él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30). 

       Hay muchos creyentes que no saben realmente lo que Jesucristo les ha sido hecho por Dios. Estos no experimentan la completa paz y el perfecto descanso por este desconocimiento. El apóstol Pablo llama nuestra atención a una consideración sobre cinco aspectos de lo que Jesucristo es para nosotros, y que resumen todo el orden de la gracia. 

       Cuando rechazamos nuestros valores, ponemos a un lado nuestros caminos y cancelamos nuestra opinión personal, que son malos consejeros y peores guías, porque solo Cristo es el camino, sólo Él es la verdad, y sólo Él es la luz que alumbra nuestros pasos, descubrimos que Jesucristo nos fue hecho por Dios, el lugar de seguridad. Pablo dice Dios nos ha puesto “en Cristo Jesús”. Es la posición espiritual de todo aquel que ha nacido de nuevo. Nadie se salva por estar cerca de Jesús, solo se salva quien está en Él. En esa posición tenemos vida eterna, que se alcanza por conocer, en sentido de relación íntima y vivencial, al Padre y al Hijo, de modo que en unión vital con Cristo, la vida divina comunicativa en su naturaleza (2 P. 1:4), fluye a nosotros por el único mediador entre Dios y los hombres que es Jesucristo hombre (1 Ti. 2:5). Algunos se sienten firmes en su fe, en sus prácticas religiosas, en su historia o en las victorias del pasado, pero no deben engañarse porque sólo hay vida y victoria “en Él”. Algunos religiosos oirán del Señor aquellas solemnes palabras: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mt. 7:23). 

       Cristo es el único a quien debemos escuchar, el único con autoridad sobre nuestras vidas y sobre la Iglesia. Cuando dejamos llegar a nosotros Su palabra, sin prejuicios ni condicionante alguno, descubrimos que Jesucristo nos es hecho por Dios sabiduría. Sabio no es el que almacena conocimiento, sino aquel que lo aplica a la vida. Leyendo la Escritura aprendemos a conocer la miseria de nuestro corazón. En el encuentro diario con ella hacemos limpio nuestro camino. En un reflexionar continuo sobre lo que leemos, alcanzamos victoria sobre el pecado, como dice el salmista: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). Es en una continua experiencia de vivir a Cristo, que dejamos de ser necios para ser sabios. No es sabio el que puede enunciar la doctrina sobre Cristo, sino aquel en quien Cristo se hace vida y descubre que le es hecho por Dios sabiduría. 

       Pablo añade un tercer elemento: Cristo nos ha sido hecho por Dios justicia. Ningún creyente duda que la salvación se alcanza por gracia mediante la fe y que, esta fe, depositada en el Salvador es la que nos justifica delante de Dios (Ro. 5:1). Pero, lo que en ocasiones no entendemos es que Jesucristo es también la razón, causa y motivo de la justicia de vida cristiana. Aquella forma de comportamiento concordante con la voluntad de Dios, que hace que nuestras vidas sean un canto de alabanza a Él por quienes nos observan y conocen (Mt. 5:16). Algunos habiendo comenzado por la fe, pretenden vivir por obras, buscando alcanzar con sus esfuerzos personales la justicia de vida que Dios demanda. Estos se ven obligados a exclamar: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. La justicia conforme a Dios solo es posible para quien vive a Cristo. 

       También se descubre que “Jesucristo nos ha sido hecho por Dios santificación”. Sin duda tiene mucho que ver con vivir justamente. El apóstol Pablo dice que debemos ocuparnos en nuestra salvación “con temor y temblor” (Fil. 2:12). La santidad no es una opción de vida cristiana, sino la única forma de vida. No es posible renunciar a la santidad, sin la cual ninguno verá al Señor. La santidad no es negociable, porque es la demanda bíblica: “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”(1 P. 1:15-16). Pero, también se da cuenta que la santificación no es posible por el esfuerzo humano. Que no se trata de hacer o no hacer, gustar o no gustar, tocar o no tocar,  descubriendo que la santidad no tiene nada que ver con limitaciones, duro trato al cuerpo, porque siendo esto carne no tiene ningún valor contra los apetitos de ella (Col. 2:23) Alcanza una nueva dimensión de vida cuando se da cuenta que Dios es el que produce en él “tanto el querer como el hacer por su buena voluntad” (Fil. 2:13). Las cargas legalistas que los hombres imponen para imitar la vida santa, caen en una verdadera liberación y nos damos cuenta que somos santos en la medida en que Cristo sea hecho vida por su Espíritu en nosotros. Sólo somos santos cuando podemos decir: “Para mí, el vivir es Cristo”. 

       Finalmente Jesucristo nos ha sido hecho por Dios… redención. Somos verdaderamente libres. La obra del Salvador nos ha liberado de la esclavitud del pecado. Éste ya no tiene autoridad sobre nosotros. La redención trae como consecuencia una vida de plena libertad en Jesús. Él mismo dijo: “si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Jn. 8:36). En cada momento de la vida tenemos que vivir a Cristo para ser verdaderamente libres. Desde el momento que hemos sido puestos en Él, ya no vivimos nosotros, sino que Él vive y trabaja en nosotros. Experimentamos la verdadera libertad cuando descubrimos que Dios es el que está “haciendo en nosotros lo que es agradable delante de Él por Jesucristo” (He. 13:21). La obra de Jesucristo prosigue hasta la liberación de nuestro cuerpo en la glorificación. Entonces esta grande obra de nuestro rescate será consumada y coronada. Nuestras vidas, tomadas desde la más profunda miseria, terminarán para siempre en la gloria que Él tiene preparada para nosotros.

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